Hoy es otro día, salí a trabajar en la mañana y desde que salí no pude dejar de pensar en ella, es como dice Paulo Coelho, un Sahir, alguien que se apodera de tus pensamientos y que no puedes sacar tan fácilmente, por cierto que ese libro, el Sahir, fue un regalo que ella me hizo cuando realizó uno de sus muchos viajes por el mundo, por un espacio de tiempo estuvo solo y abandonado, cogiendo polvo en una estantería y luego, cuando ella se fue muy lejos, al igual que en la historia paso a ser un consuelo, algo en que preocuparse y en que vaciar algunos de los pensamientos más íntimos que tenía en ese momento, así como también una guía, una especie de profesor que te enseña algunas cosas que normalmente no se aprenden sino con el tiempo.
Como te seguía diciendo, estuve pensando todo el día en ella, muchas veces soñé con tenerla de nuevo frente a mí, oía la naturaleza y me imaginaba con ella sentados, viendo el sol o las hojas de los arboles caer o el agua de un rio sonar al chocar con las rocas, soñaba que todo era posible junto a ella, pensaba en casarnos y que nuestra relación fuera aceptada por todos sin que nadie nos juzgara porque estábamos locos, locos de amor, soñaba con que me diera un hijo, el único hijo que hubiera podido tener, pero luego caí en cuenta de que eso no era posible y volví a poner los pies en la tierra pero recordando aquel sueño maravilloso que había tenido segundos antes.
Al final del día y muy cansado de haber terminado la faena, volvía ella a hacerse presente, los hombros me dolían, las piernas me temblaban, pero nada parecía afectar mis pensamientos, cada brote de dolor se convertía en una razón más para pensar en ella y hacer lo que tenía que hacer: hacer todo lo posible por volver a estar a su lado.
Cansado, me senté en una escalera, mi corazón casi se salía del pecho, las lágrimas brotaban como brota el agua de un manantial, veía la luna y me imaginaba su cara sonriente, sus ojos negros brillando como dos luceros, su sonrisa mágica que siempre me mata, sus cabellos negros como la noche.
Ni el dolor ni nada podía pararme, estaba decidido a hacer lo que fuera. Pensaba que con hoy, faltaba un día menos para estar junto a ella otra vez, se me paraban los pelos de solo pensarlo, los ojos me brillaban, estaba inspirado.
Me paré y seguí con mi cotidianidad, luego me senté frente a la computadora, revisé mi correo y como cosa del destino ¡puff! de nuevo esta ella presente, vi su foto, estaba preciosa como siempre, me acordé que en dos días era nuestro aniversario, parecía que estaba obsesionado con la idea de volver a verla, mis pensamientos no paraban de dar tumbos en mi cabeza, pero en un abrir y cerrar de ojos me dormí.
11/01/2009 0:44
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Como te seguía diciendo, estuve pensando todo el día en ella, muchas veces soñé con tenerla de nuevo frente a mí, oía la naturaleza y me imaginaba con ella sentados, viendo el sol o las hojas de los arboles caer o el agua de un rio sonar al chocar con las rocas, soñaba que todo era posible junto a ella, pensaba en casarnos y que nuestra relación fuera aceptada por todos sin que nadie nos juzgara porque estábamos locos, locos de amor, soñaba con que me diera un hijo, el único hijo que hubiera podido tener, pero luego caí en cuenta de que eso no era posible y volví a poner los pies en la tierra pero recordando aquel sueño maravilloso que había tenido segundos antes.
Al final del día y muy cansado de haber terminado la faena, volvía ella a hacerse presente, los hombros me dolían, las piernas me temblaban, pero nada parecía afectar mis pensamientos, cada brote de dolor se convertía en una razón más para pensar en ella y hacer lo que tenía que hacer: hacer todo lo posible por volver a estar a su lado.
Cansado, me senté en una escalera, mi corazón casi se salía del pecho, las lágrimas brotaban como brota el agua de un manantial, veía la luna y me imaginaba su cara sonriente, sus ojos negros brillando como dos luceros, su sonrisa mágica que siempre me mata, sus cabellos negros como la noche.
Ni el dolor ni nada podía pararme, estaba decidido a hacer lo que fuera. Pensaba que con hoy, faltaba un día menos para estar junto a ella otra vez, se me paraban los pelos de solo pensarlo, los ojos me brillaban, estaba inspirado.
Me paré y seguí con mi cotidianidad, luego me senté frente a la computadora, revisé mi correo y como cosa del destino ¡puff! de nuevo esta ella presente, vi su foto, estaba preciosa como siempre, me acordé que en dos días era nuestro aniversario, parecía que estaba obsesionado con la idea de volver a verla, mis pensamientos no paraban de dar tumbos en mi cabeza, pero en un abrir y cerrar de ojos me dormí.
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